La vida no se la ha puesto fácil a Anisley Lanza, una cubana que llegó en balsa a los Estados Unidos y que ha sabido dibujar con pincel la sonrisa que ha querido de su destino. Encomendada a Dios, y con sus dos hijos agarrados de cada mano, esta mujer es hoy ejemplo de tenacidad y lucha; es dueña de una Clínica de Rehabilitación Física y Estética, y pocillo de muchos sueños por cumplir . Creció en un pueblito de Cuba rodeada de necesidades y carencias. Apenas veía a su padre y vivía bajo el modelo de una madre que atendía el hogar. A los 15 años se convirtió en mamá y, aunque muy joven, se mudó hacia una ciudad turística para trabajar como masajista certificada